Boceto

No sé por qué ha vuelto,
el monstruo acecha
debajo de la cama
y me impide dormir.

Espera que me duerma,
sin saber que soy
precavida,
astuta,
y puede que ingenua;
oigo pasos,
contracción de sístole,
pausa de diástole,
cada vez más cerca.

Me incorporo, lentamente,
en busca de ayuda
aunque en vano
al sentir su peso sobre mí.

Quiere que me sienta bien,
pero yo sólo quiero pedir auxilio,
quiere que sonría,
y me está matando a soplidos.

Repite el número 34,
una vez tras otra,
sé de que me habla,
así que acabo rindiendome,
y mañana volveré a luchar.
Noto que alguien acaricia mi meñeca,
algo escuece dentro,
pero estoy sola,
no imagino muy bien donde,
no hay ventanas,
tan sólo una puerta blindada,
con una rendija por la que intuyo que es de día.

Deslizo las manos por el suelo,
buscando algo con lo que iluminar,
abrir la puerta, hay una linterna,
‘ojalá no la hubiese encendido’, pienso,
agarro firmemente mis rodillas
y comienzo a temblar…
‘Gorda, nadie te quiere,
te vas a quedar sola,
inútil, no vales para nada’.

Apago la linterna,
apretujo un poco más
mi cuerpo contra el muro,
y las lágrimas empiezan a inundar.

‘¿Mamá, dónde estás?’, grito al aire,
‘¿tú también te has ido?’, no hay respuesta.
Golpeo mi cabeza sucesivas veces contra la pared,
esperando que mañana sea otro día.

Me duele la cabeza,
intento gritar pero
solo se oye un misero tartamudeo.
Enciendo la linterna de nuevo,
aunque sólo alumbro el suelo,
cerca de la puerta hay una nota
‘RÍNDETE’
me siento empequeñecer.

Tiro de la puerta,
esperando que se abra,
pero no lo hace y desisto.
Camino de un lado para otro,
limpiando mis lágrimas
con las mangas del jersey,
y me pregunto si nadie me echará de menos.

No sé cuanto llevo aquí,
pero comprendo que es mejor rendirme,
paso la nota al otro lado de la puerta
mientras el boli araña mi muñeca
esperando la respuesta.

Ha dejado de preocuparme,
ahora sólo quiero ver
si ellos están bien,
parto el boli a la mitad,
por rabia y dolor
pero sin fuerzas.

Clavo el extremo puntiagudo
en mi cadera, y lo hago girar,
siento que me baja por la cintura
una mota diminuta color caperucita,
y cuento hasta diez para quitar el boli.

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